Café em Portugal: um luxo em casa? Uma reflexão sobre o IVA

Café en Portugal: ¿un lujo en casa? Una reflexión sobre el IVA

Francisco Carvalho

Cuando comenzamos Caseta Coffee, había una idea simple detrás del proyecto: hacer el café de especialidad más accesible, no solo en calidad sino también en precio. No tiene sentido hablar de un café mejor si luego queda fuera del alcance del consumo diario. Y fue precisamente de este intento de equilibrio, entre calidad y accesibilidad, de donde surgió una conversación reciente entre amigos. Diferentes áreas, diferentes visiones políticas, pero una pregunta común: ¿tiene sentido que el café pague un 23% de IVA cuando se consume en casa?

La respuesta no es tan directa, pero hay una incoherencia difícil de ignorar. En Portugal, el café que compras para hacer en casa se grava a la tasa máxima del 23%, mientras que el mismo café, servido en un establecimiento, baja al 13%. Al mismo tiempo, actividades como el turismo de lujo o incluso jugar al golf se benefician de una tasa reducida del 6%. Productos alimentarios como la leche, la manteca de cerdo u otros bienes agrícolas también están en esa tasa mínima. No se trata de comparar realidades completamente diferentes, sino de comprender el criterio: ¿dónde encaja el café, al fin y al cabo?

Esta cuestión cobra aún más peso cuando miramos el contexto actual. El precio del café verde ha estado en máximos históricos en los últimos años, impulsado por el cambio climático, la inestabilidad en los países productores y el aumento de los costes logísticos. Al mismo tiempo, nunca ha habido tanta información disponible sobre el café como producto. Hoy sabemos que el consumo moderado está asociado a potenciales beneficios, algo respaldado por estudios publicados por instituciones como la Harvard T.H. Chan School of Public Health, el BMJ o el European Journal of Epidemiology. Y, sobre todo, sabemos que el café no es un lujo ocasional en Portugal, es parte de la rutina. Está presente de la mañana a la noche, en casa, en el trabajo, en la calle.

El punto aquí no es defender una bajada de impuestos de forma ciega. Es entender si existe coherencia en la forma en que se trata el café. Si el argumento es la salud pública, el café no parece estar en el lado equivocado de la ecuación, especialmente cuando se compara con otros productos ya cubiertos por tasas reducidas. Si el argumento es la esencialidad, entonces se hace difícil ignorar el papel que el café tiene en el día a día de millones de portugueses. Y si la lógica es apoyar la restauración, entonces surge otra cuestión: ¿por qué el consumo en casa, donde pequeñas tostadoras, tiendas especializadas y negocios independientes intentan crecer, es penalizado frente al consumo fuera?

También hay un lado menos visible, pero igualmente relevante: el impacto social. Una tasa del 23% no afecta a todos de la misma forma. Para quien tiene mayor poder adquisitivo, la diferencia se diluye en el presupuesto mensual. Para quien no lo tiene, se acumula. Y cuando se habla de un producto consumido diariamente, esa diferencia deja de ser residual.

Lo más curioso es que Portugal no está atado a esta decisión. La directiva europea del IVA permite la aplicación de tasas reducidas a productos alimentarios, y varios países siguen ese camino. En España, el café para consumo doméstico se grava al 10%. En Francia, al 5,5%. En Alemania, al 7%. En Holanda, al 9%. En Grecia, al 13%. No existe una obligación europea para que el café en Portugal sea tratado como un bien sujeto a la tasa máxima. Existe, sí, una elección.

Al final, la cuestión es simple, pero relevante: ¿tiene sentido tratar el café, un producto cultural, cotidiano y cada vez más valorado, como un bien de lujo cuando se consume en casa?

No es una pregunta con respuesta única. Pero es, como mínimo, una conversación que vale la pena tener.

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